Brote

Mi primer brote

Junio de 2013. Termina mi primer año de universidad en la UNED. 1º de Psicología. 11 asignaturas y sólo 3 pendientes para septiembre. Buen resultado.

Mientras estudio en un apartamento vacacional que alquilamos mi familia y yo, me dedico a mover papeleo para trasladarme a la universidad pública.

Llega Agosto y después de no parar de estudiar, mi familia y yo planeamos un viaje a Madrid para ver el musical de «El Rey León». Estaba emocionadísima. Era la primera vez que iba a Madrid y me apetecía recorrer todas sus calles, ver todos los museos, impregnarme de todo ese ambiente y disfrutar con el musical, que fue un regalo por mi santo.

Salimos de Cartagena a buena hora y 4 horas y media después nos encontrábamos en pleno centro de Madrid dispuestos a pasar 4 días (3 noches) recorriendo la ciudad a pie, solamente parando para dormir.

En el camino de ida, me sentía mareada y notaba que mis ojos no podían parar quietos. Pensé que era por los nervios, por la emoción de visitar una ciudad maravillosa. Intenté dormirme y relajarme, pero nada funcionaba.

Mis mareos continuaron y cada vez eran más fuertes. Finalmente tuve que tomarme un tranquilizante ya que los mismos problemas de visión y mareos subieron mi nivel de ansiedad.

Llegamos a Madrid y nos instalamos en un céntrico hotel de la Gran Vía.

Nada más llegar a la habitación que compartía con mi hermana, vomité a causa de los mareos. No le di importancia a aquel hecho, ya que parecía que los síntomas habían remitido.

El primer día en Madrid transcurrió con total normalidad. Visitamos museos, parques, calles, plazas.

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El segundo día vinieron a mí los dolores de cabeza. A base de ibuprofenos fui llevando el día, siguiendo la ruta de museos y lugares visitables que nos encontrabamos por el camino. A mitad de la tarde, empezó a dolerme mucho el ojo derecho y a ver doble en distancias muy largas. Se lo achaqué al calor, a la emoción, a un aumento de las dioptrías…

Esa misma tarde, disminuyó la distancia a la que la visión se me volvía doble. Ésto conllevó un mareo más pronunciado y una preocupación más que notable por parte de mis padres, mi hermana y mío.

Acercándose la hora de cenar ya tenía que ir del brazo de mi madre y cerrando el ojo derecho de vez en cuando para que se me calmaran las náuseas.

Buscábamos sitio para cenar y noté que la gente se me quedaba mirando de una manera demasiado descarada. ¿Me estaba volviendo loca? ¿La gente se daba cuenta de mi dolor de ojo?

Le pregunté a mi madre y al mirarme, se dio cuenta de que mi ojo derecho no se movía igual que el izquierdo. Se había quedado paralizado hacia dentro. De ahí venía el mareo. Al mirar con los dos ojos no podía enfocar bien.

Ibuprofenos por doquier lo que quedaba de ese día y el siguiente.

A mitad del tercer día pasamos por una farmacia a medirme la tensión (suelo tenerla siempre baja, pensábamos que me habría subido) y a preguntarle a una farmacéutica la posible causa de los mareos. Ésta me aconsejó que acudiera al hospital o a un centro de salud. Yo seguía restándole importancia al hecho. Estaba en otra ciudad, visitando todo lo que podía y más y no quería parar mi ritmo ni el de mi familia, así que no acudí al médico ese día.

Esa misma noche teníamos las entradas para el musical. Parecía que lo del ojo iba y venía, seguramente porque no quería fijarme en ello y obsesionarme con las posibles causas. Acudimos al teatro y disfruté como pude del musical: poniéndome la mano en el extremo exterior del ojo y tirando de él hacia fuera para poder enfocar bien.

Al día siguiente volvíamos a casa y los síntomas seguían ahí. No sabíamos donde se localizaba el hospital o un centro médico que me pudiera atender, así que acudimos a un cuartel de la policía para que me dieran la dirección o me aconsejaran a dónde podía acudir para quedarme más tranquila antes de volver a casa.

Ellos llamaron al Samur y me hicieron un reconocimiento rápido que me aseguró que no era problema de la tensión o el azúcar. Me aconsejaron ir al hospital y cogimos un taxi que nos llevó al Hospital Fundación Jiménez Díaz.

Allí me atendieron con mucha rapidez en urgencias. Pasé por un oftalmólogo jóven que me tranquilizó un poco respecto a la salud de mi ojo. Me hizo todo tipo de pruebas y me echó unas gotas que dilataban las pupilas y otras amarillas que hicieron que me remitieran los mareos. Con todos los análisis en profundidad perfectos me derivó a Medicina Interna (especialidad de la que, por suerte, nunca había oído hablar). Me hicieron un TAC y una exploración de los reflejos para comprobar si mi Sistema Nervioso funcionaba correctamente. Para cuando me miró el ojo, éste funcionaba correctamente y se movía, aunque ahora se movía demasiado. Tenía nistagmo en el ojo derecho: un movimiento espasmódico involuntario rápido del globo ocular.

Me aconsejaron que visitara a mi médico de cabecera en mi ciudad y me fui, con mis papeles bajo el brazo y acompañada de mi familia y de mil dudas sobre lo que me estaba pasando.

A partir de entonces, me dediqué a estudiar hasta que el día de la cita del médico llegara. Necesitaba tener la mente ocupada y no pensar en lo que podía ser o no aquella disfunción que no tenía explicación.

Durante más de 20 días me convertí en una pirata, ya que lo único que me aliviaba era taparme el ojo derecho un día y el izquierdo otro día para que descansara. Yo necesito gafas, pero en ese momento me estorbaban y veía infinitamente mejor, tanto de cerca como de lejos, sin gafas.

Pasó el mes de Agosto y me habían cogido en la universidad pública. Para aquel entonces, no tenía apenas molestias en la vista y me sentía emocionada. Cambiaría mi situación de estar en casa encerrada estudiando a conocer a gente nueva y relacionarme.

Me encontraba tan recuperada del ojo (aunque todavía tenía algunas secuelas) que pude volver a coger el coche y hacer mis exámenes de recuperación de la UNED.

Sin embargo, entre toda esta felicidad y ganas enormes de cambio, también sentía miedo por que me dijeran algo que no quería escuchar. Esperaba que el diagnóstico fuera de un trastorno transitorio, que con el tiempo y relajación no volviera a aparecer, pero no fue así.

neuronasinmielina@gmail.com

Comentarios

Btux
7 de marzo de 2016 a las 09:43

acabo de leerlo, sorry, te acabo de escribir. Un saludo!



Btux
20 de febrero de 2016 a las 09:59

Hola, he leído tu blog y me han surgido algunas dudas que me gustaría preguntarte por privado si no te importa, te dejo mi correo y si puedes dedicarme unos minutos te lo agradecería. Un saludo!



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