Aniversario / Brote

Segundo aniversario con la EM

Hoy hace dos años que llegué al hospital por una deshidratación por un virus y me quedé una semana por mi segundo brote de esclerosis múltiple.

¿Por qué recuerdo y le dedico una entrada al segundo aniversario de mi segundo brote y no al primero?

Es la pregunta que me planteé cuando decidí hacer esta entrada. 

Tiene fácil respuesta (después de haberlo pensado mucho tiempo): era más consciente de que tenía una enfermedad y de que lo que estaba pasando tenía un nombre y, lo más importante, unas consecuencias.

En mi primer brote lo achaqué a los nervios y al estrés de estudiar en verano, del cambio de universidad (de a distancia a presencial) y de lo importante que era para mi currículum aprobar esas asignaturas y además con buena nota.

No le di siquiera importancia cuando, allá por octubre/noviembre de 2013 entré en la consulta de Medicina Interna y me mandó mi primera resonancia magnética del cerebro y un análisis que cubría todo lo que se puede ver en la sangre y más.

Ni siquiera me quitó mucho el sueño el hecho de que el internista quisiera derivarme por interconsulta urgente a mi actual neurólogo y que éste me mandara una punción lumbar. Simplemente me pregunté que por qué tanto trastearme si yo había tenido un problema en la vista.

¡Bendita ignorancia la de entonces!

Con el diagnóstico dicho en una sala impersonal, con su consecuente onda expansiva de sentimientos en mi familia, salí con una hoja con el nombre de la que iba a ser mi compañera de por vida y con una decisión tomada arrebatadamente de pincharme una vez a la semana para una enfermedad de la que no había oído hablar antes.
Ni siquiera ahí mi cabeza estaba preparada para tanta responsabilidad.

Mi cabeza estaba centrada en la relación que acababa de empezar con un chico, en coger el autobús que me llevaba a la universidad y en mis clases.

No estaba pensando en pincharme ni en encontrarme, de la noche a la mañana, con una enfermedad tan exigente.

Aún así, incluso después de leer en internet la información más técnica posible sobre la EM, no quería ni podía admitir que esto iba a poder condicionarme de alguna manera.

Los días iban pasando y, después de un mes, las secuelas de ese primer brote ya no estaban. Por aquel entonces no tenía ni fatiga, cosa que facilitó mucho mi vuelta a la normalidad.
Por eso, cuando el segundo brote llegó me impactó tanto y el golpe con la realidad de esta enfermedad fue peor.

De estar en la universidad con mis amigas a verme en la cama de un hospital con una vía unida a un gotero y sin poder andar, va un trecho.
Por eso esta fecha la llevo grabada a fuego.

20 de febrero de 2014. 
Puedo considerarlo mi ‘esclerocumple’.

Ese día la enfermedad se hizo visible, luchó y yo gané.
Ganaron mis esfuerzos por querer levantarme y por querer andar aunque me mareara y me cayera.

Ganaron mis ejercicios para recuperar la movilidad y sensibilidad de mi cara.
Ganaron mis ganas de recuperarme y de vivir.

Eso es lo que hoy celebro.

Celebro que me recuperé, que luché y que prometí seguir luchando. 

foto-cumple

Hace dos años que mi compañera hizo acto de presencia por última vez, aunque ha ido dando señales de vida cada vez que me he resfriado o que he estado un poquito baja de defensas, y eso sí que es algo para celebrar.

Gracias a todos los que habéis estado apoyándome cuando lo necesitaba. Me habéis salvado.
Si miro hacia atrás y hago balance de estos dos años solo puedo decir que de todo se sale.

neuronasinmielina@gmail.com

Comentarios

21 de febrero de 2016 a las 10:40

Esos dos años son dignos de celebración; sigue luchando y seguirá yendo bien, princesa 😉



20 de febrero de 2016 a las 13:26

Creo que todos necesitamos un segundo toque, llámalo brote, para aceptar definitivamente que algo pasa con nosotros, que estamos «enfermos». Lo bueno es que, ese toque, también nos vale para darnos cuenta de las ganas de seguir, de que, con esfuerzo, todo se puede conseguir o, al menos, adaptar.



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